
El cuévano rupestre era arte clandestino:
revocador, revolero y revolvedor;
ocultándose del mediodía buscaba renovación.
El arte no es sujeto explícito: «Hace arte»;
es más bien objeto directo: «Hay arte»;
la rosa no florea si la prímula no rosea.
La eternidad es patrimonio de uno solo:
el final fue antes que el principio;
por eso el sendero nos parece indefinido.
Todo lo que se come sigue su camino;
por eso el hambriento es más creativo:
«No sólo de acaparar vivirá el hombre».
Ser feliz importa poco o mucho:
mucha abundancia no alarga el resuello;
mas el jilguero gorjea más allá de este mundo.
Todos somos gorgoritas que el viento revoltea;
todos somos sombras que proyectan su cuerpo;
pero eso nadie sabe quién habita en su centro.
La justicia al vivo es la misma para el muerto;
bueno o malo juzgar siempre es injerir;
mas el criminal es esclavo de su delito hasta el fin.
No habrá siempre agua, ni lluvia que escampe:
el bosque se pierde, la selva se invade;
mas el universo es lustre que llama a la vida.
Agustín Espina


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